Podría hacer una lista de todas las ocasiones que he intentado lograr algo grande, todos los ámbitos en los que he arruinado las cosas por alguna razón, y de hecho repaso esa lista en mi mente ahora mismo, llevo un par de horas haciéndolo.
Hay una película terriblemente cursi que comienza con un argumento similar, Elizabethtown, con Orlando Bloom y Kirsten Dunst.
En las primeras escenas hay un monólogo sobre el fracaso, no el tipo de fracaso que está de moda en redes sociales, sino el verdadero, el que te deja en medio del desierto, bajo el sol, sin provisiones ni rescate alguno. El personaje de Bloom afirma que cualquiera puede fallar en un día normal, pero un verdadero fiasco sólo es posible para los grandes.
Al final tiene una revelación: es el éxito lo que admira la sociedad; no la grandeza, sino el éxito.
Y esto es lo que me parece interesante, aquí radica la profundidad del pensamiento de los guionistas. La grandeza no siempre va acompañada del éxito, lo sabemos bien, la historia está llena de ejemplos; en especial la historia de México, donde admiramos a tantos que pelearon y murieron al ser derrotados.
Como dije al principio, en casi todo he fallado: en la música, como pareja, como padre, como traductor, etcétera; sin embargo, tampoco he logrado la grandeza, jamás he sido protagonista de un desastre tal que repercuta en el mundo entero, y eso, ESO es lo que realmente me incomoda.
A esta edad ya debería haber logrado algo, para bien o mal, creo que debía estar en un sitio distinto, en lugar de desvanecerme poco a poco del mundo, sentirme cada vez más irrelevante y aislado.
Mi crisis no es por la falta de éxito, sino por la mediocridad, la pequeñez de mi contribución al mundo, pues si estoy destinado a perder, al menos tendría que hacerlo en grande, entre llamas y explosiones.
Sin embargo, estoy cansado, agotado no por las derrotas, sino por la indiferencia. Soy bueno para muchas cosas, pero no soy excelente; igualmente, soy malo para otras tantas, pero no soy terrible. Tengo talento, pero me ha faltado enfoque, y aunque no he sufrido tragedias, tampoco he sido realmente afortunado.
Quizás estoy destinado a ser un ejemplo de mediocridad, seguro a alguien le parezca divertido. Pero es tan poco original, tan común, que me desagrada esta posibilidad, incluso más que perderlo todo.
En casi todo he fallado, pero aún me quedan cosas por probar.
Espero encontrar pronto mi oportunidad para lograr la grandeza.
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