Saru Hanuman

martes, 11 de julio de 2017

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Hace unos días hablaba con uno de mis amigos, le comentaba sobre mi depresión y todo lo que no sucede en mi vida. Su resolución fue muy certera: "deberías apreciarte", dijo, "al final haces más que muchas personas".

Normalmente este tipo de comentarios no sería un consuelo, pero creo que esta vez capté el sentido de lo que quería decir, no como una forma de confortarme superficialmente, sino como una invitación a abrir los ojos a mí mismo en los momentos en que el resto del mundo inmediato se vuelve demasiado lento, demasiado simple para mí.

Me gusta el cambio, disfruto imaginar los retos que vendrán y me emociona sentir la agitación que anuncia el advenimiento.

Sin embargo, en más de una ocasión me he sentido culpable, o he percibido esta característica mía como algo negativo, pues donde la mayoría de la gente encuentra algo de lo cual afianzarse y una base sobre la cual construir una vida completa, yo me la he pasado quemando puentes, borrando huellas y experimentando con nuevas formas de ser yo.

En estos días, que he tenido tiempo para observar lo que tengo entre las manos, encuentro un vacío, un hueco que me gustaría no existiera, pero ahí está. En este tiempo he tenido oportunidad de observarme con calma, en silencio, y notar que estoy cansado, pero no como yo pensaba.

Me he dado cuenta que ya no soy un gran traductor, sólo soy bueno, porque no lo he cultivado más allá del trabajo habitual.

Me he dado cuenta que soy muy cariñoso, pero no sé qué hacer con el amor que tengo para dar, porque me da miedo invertirlo de nuevo en la persona equivocada.

Me he dado cuenta que extrañaba escribir, y que la música está dormida dentro de mí, quizás por los próximos 14 años, como pasó con las letras.

Pero, creo, lo más importante ha llegado con las palabras de este amigo, porque he sentido miedo, un temor profundo e imposible de evadir, que me insta a buscar seguridad, a encontrar más trabajo de algo que ya no me emociona.

Y sí, se dice que eso es parte de "ser profesional", pero creo con fervor que no estoy en esta vida para eso, sino para responder a todas las preguntas que tengo, para descubrir cómo y por qué en todo.

Quizás por eso disfruto tanto los cambios en mi vida, aunque me asusten. He llegado a reconocer que lo que me frustra no es, en sí, la negativa a un deseo o solicitud, sino el bloqueo de la metamorfosis, el dominio de la inercia.

Quiero seguir cambiando, quiero tener la energía para decidir dónde ir en cada encrucijada, quiero mantener la curiosidad de mi espíritu y morir con una sonrisa, con el vértigo de quien se lanza a lo desconocido por decisión propia.

Por eso, hoy me detengo y me desprendo del miedo, en siete respiraciones largas, cierro los ojos para prepararme y seguir adelante.

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