Saru Hanuman

domingo, 6 de enero de 2013

Both sides now (y lo que requiere paciencia)

Recuerdo películas de mi infancia, como Aliens, o canciones más recientes, como Both sides now, de Joni Mitchell. Nada tiene que ver una con la otra, por supuesto, excepto porque comparten, en mi opinión, una característica excepcional que les da un valor muy alto: se desenvuelven en su tiempo, sin prisas, sin distracciones.

En Aliens, el desarrollo de la Tte. Ellen Ripley no es vertiginoso, sino que es consecuencia de todo lo vivido durante la primera entrega de la serie y desemboca en su necesidad de proteger a Newt contra todo lo que se interponga en su camino. Sin embargo, su lucha no es la del héroe imbatible, sino más bien la de la madre que pone su vida en riesgo, sabiendo que el poder del enemigo es abrumador.

Para Ripley el miedo de morir se vuelve nulo ante la posibilidad de perder a la última sobreviviente de la colonia en LV-426. Pero no es ello lo que me hace vibrar con la película, sino la actuación, el ritmo de la película, la forma en que se desenvuelven estas nociones y sensaciones. Como dije: a su tiempo, sin distracciones y sin forzar las cosas.

Para mí, además de la acción, los xenomorfos y el ambiente, es esta vulnerabilidad y congruencia del personaje lo que me conecta a la historia, lo que la hace creíble para mí.

Por otro lado (mucho más cercano), la canción Both sides now, interpretada por Joni Mitchell (la versión madura, no la de niña feliz), tiene también esta característica en un arreglo que dura más de cinco minutos con acompañamiento de cuerdas (muchas cuerdas en vivo). Es una canción que no se apresura a escupir su mensaje, que se desarrolla y se mueve con la serenidad que sólo la certeza y la madurez pueden dar: "I really don't know life at all".

Una canción que crece en todos los sentidos: de las nubes al amor, a la vida. De lo trivial a lo profundo. De lo mundano a lo universal. La voz y las cuerdas crecen, se refuerzan y solidifican con cada verso cantado. Se afirman y toman forma con cada nota.

El resultado es la certidumbre, la aceptación de que poco (o nada) conocemos, que lo real no es lo que imaginamos, ni lo que deseamos, sino lo que es, y nada más.

Eso es, en mi opinión, lo más valioso de la interpretación: su congruencia consigo misma. Pocas veces percibo una conjunción tan significativa, una sinergia tan profunda. Definitivamente son obras que mueven mis emociones hasta la raíz.

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