Saru Hanuman

miércoles, 12 de octubre de 2011

Lo importante es el final

Al igual que con canciones, obras de teatro, películas y demás obras de arte, el inicio de las revoluciones es el gancho, pero la verdadera satisfacción está en el final.

Es muy importante hablar de todo lo que a la gente le inquieta, confrontar a las masas con aquello que desean, lo que necesitan y buscan, aunque no estén conscientes de ello. Esto atraerá a muchos a la fiesta de lo nuevo, al carnaval de posibilidades y sueños.

En un momento, sin embargo, será necesario confrontar los miedos y hacer conciencia de que las cosas serán difíciles, pues nadie puede crecer sin dolor (por algo le llaman adolescencia a toda una etapa de la vida). Los cambios que realmente importan son dolorosos y, por lo mismo, valen la pena, porque sólo cuando duele sabemos que estamos moviéndonos, que algo en nosotros, muy profundamente, es distinto.

Lo mismo sucede cuando hacemos ejercicio después de un tiempo de estar quietos. Es la forma en que sabemos que nuestros músculos se están reformando y nos hacemos más fuertes.

A pesar de todo esto, lo más importante, lo que dictará la verdadera victoria de la revolución, será el final, sus consecuencias. ESO y sólo eso es lo que nos dará satisfacción, en la forma de resultados.

Por eso no es importante quién ni cómo inicien los cambios, lo que de verdad importa es quién y cómo concluyan, porque de eso dependerán las repercusiones con las que las generaciones futuras deberán vivir.

Eso es justamente lo que me he cuestionado esta semana, pensando en que está muy bien todo lo que se dice, todo lo que se hace, pero ¿hacia dónde van?

Estoy más que consciente de la contracción del sistema, que todavía está lejos de llegar a su punto más álgido. Tengo en la cabeza la idea de que el dinero no existe, por ello es la trampa mental más perfecta en la que nos hemos sumido. Su función fue, en un momento, unir naciones bajo un solo gobierno, y funcionó muy bien, tanto que ahora, que ya es obsoleto, sigue circulando de manera excesiva.

Sin embargo, lo que me falta ver es, precisamente, el horizonte de estos cambios. Tal vez no llegue a verlos, porque será un proceso bastante extenso, sobre todo considerando que la tecnología nos permite ver al mundo como una sola nación, la nación humana. Y, si es difícil cambiar un solo país, y en México les llevó al puñado de cuatreros toda una bola de años hacer los supuestos cambios guiados por el eslogan "Tierra y libertad", que terminaron en la debacle que vivimos hoy, imaginar lo que llevará, primero, ver cómo el sistema colapsa por sí mismo; después, ver los múltiples rescates de los interesados, porque aunque no nos guste, mientras la mayoría de la gente crea en el dinero, viviendo en centros urbanos estaremos atrapados dentro del sistema establecido. Entonces, habrá muchos intentos de rescate y los ricos se harán más ricos, y los pobres se harán más pobres.

Esto muy entrecomillado, porque basta con echar ojo al comercio "informal", a los mercados de trueque, a las asociaciones dedicadas al intercambio de servicios y productos, y demás opciones de economía "alternativa", que más bien yo le llamaría "naturalista", pues me parece mucho más natural intercambiar algo tangible y útil, que realmente tiene un valor para la vida, que pasar pedazos de plástico, papel o níquel, de una mano a otra. Eso, sencillamente, no tiene sentido.

Y después de este gran paréntesis, una vez que fallen los rescates vendrán las trampas, y serán muchas, porque los ricos no querrán dejar de ser ricos, y su riqueza puede que no consista en dinero, sino en el control que pueden ejercer sobre los motores sociales. Así que, no sólo debe caer el sistema económico mundial, sino, a su lado y al mismo tiempo, el sistema político, porque la democracia verdadera se parece más al anarquismo que a lo que vivimos hoy en día.

Finalmente, si logramos superar las trampas, que será lo más difícil, y aquí ya estoy hablando de que estaré bien entrado en años, vendrán poco a poco las opciones realistas, que por cierto nos han acompañado en tooooodo el proceso, y de hecho llevan ya, hoy, muchos años circulando. Pero no será sino hasta el día en que realmente tengamos la mierda en la nariz, que tomemos a conciencia la realidad de lo que NECESITAMOS hacer.

Y digo a la nariz porque hoy ya nos llega la mierda al cuello, pero como aún podemos respirar y comer, no nos preocupa.

Falta mucho para todo esto, y las cosas cambiarán, nos guste o no, así que si queremos dejar de ser empujados y jaloneados, sin tener derecho a opinar sobre lo que sucede en nuestra vida, empecemos antes que cualquier otra cosa, por abrir los ojos, poner los pies en la tierra y escuchar al mundo que nos rodea.

Sólo cuando hayamos percibido con la conciencia despierta, el estado de las cosas, podremos hablar y hacer lo que se necesita. Sólo entonces podremos decidir hacia dónde queremos ir.

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