Hoy decidí escribir sin pensar en qué escribir, y es que no he tenido la capacidad mental para concentrarme en un solo asunto durante, creo, toda la semana. Ayer fue un gran día, con mucha actividad, buena plática y mucho ejercicio.
Hoy no hubo tanto ejercicio, pero ha habido buena plática y una que otra cosa para alegrarse, aunque nada del otro mundo. Supongo que comienza a debilitarse el aura de rebote que me dejó la decepción del fin de semana, y eso que me regresé de Puebla a las tres de la mañana. Lo bueno de eso es que hice exactamente dos horas desde la central de Puebla hasta el elevador de mi casa. Muy agradable hacer los viajes a las velocidades que se supone deben hacerse.
Por otro lado, me duelen las piernas y es que estoy cansado. Aumento mi carga de patinaje y eso, aunado a capoeira, es una buena dosis de actividad física. Estoy contento por eso.
Espero que llegue ya el fin de semana porque necesito descansar de tanto ajetreo, pero aprovecharé la energía y la disposición mental que mi neurosis y mi carácter depresivo me permiten. Es extraño, y puede que sea la edad o las decisiones que he tomado este año y los resultados obtenidos hasta el momento, pero no siento que se acerque de nuevo mi pesimismo a dar lata. Quizás éstos son los momentos en que más cuidado debo tener, porque es muy fácil que la vida me sorprenda desprevenido, por ejemplo, con el desalojo del departamento, ya que no sé quién ha pagado la renta, ni tengo idea si alguien la pagará en octubre, así que posiblemente tenga que realizar un escape con gracia y elegancia, para evitar quedarme en la calle... otra vez.
Bue... las cosas pintan bien, matices aquí y allá, y otras cosas que arreglar, pero poco a poco.
Le dejé de tarea, a un amigo, que resolviera quién es en la actualidad, no sólo porque ha cambiado muchísimo desde que lo conocí, sino porque al parecer no tiene idea. Es raro, pero todo salió a partir de que no se le ocurre algún nombre para abrir un blog. No tiene por qué ser algo íntimo ni personal, pero en mi caso, lo es (no íntimo, pero sí personal).
Es difícil, supongo, creer que sigo siendo amargado cuando me expreso con tanta soltura, pero no hay que dudar que sigo detestando a diestra y siniestra las actitudes humanas y me provocan risa sus consecuencias.
Sigo siendo el mismo amargado, neurótico y pesimista de siempre, sencillamente encontré un espacio de paz, finalmente.
Ahora, si logro mantener el buen humor hasta que tenga ochenta años, ésta será mi canción:
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