A final de cuentas, ¿qué es lo que reclamamos? Un poco de atención, una pizca de placer, otros tantos de orgullo, aquí y allá, las migajas de lo que nunca fue.
Nos engañamos por las buenas, esperando el pan y el caldo. Los pollos, como la verdad, sin cabeza y desplumados. Los comemos con ansia, bien sazonados, cocidos y condimentados.
La verdad se come cruda, como el pescado, sólo así alimenta el alma y hace crecer el intelecto.
Ahora que pasan mis arranques, que veo lo que temo en realidad, perder el cabello, los dientes, la fuerza en mis rodillas. Ahora que escucho a Satie y me despido de ella. Ahora que he ladrado a tu puerta.
Ahora que la noche calma, que la migraña cesa, que estoy solo y lo tengo a él entre mis alas, mi abrazo imaginario viaja a su frente, para que siempre recuerde, aunque sea entre sueños.
Ahora que lo he hecho todo y no he logrado nada, es hora de dormir.
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