La verdad tenía un discurso bien elaborado, o al menos, bien pensado sobre el hecho de que amanecer y estar todo el día de mal humor me permite hacer más llevadera la jornada laboral, pero ya se me olvidó por estar jugando Left 4 Dead, así que sólo diré que debe ser porque cuando estoy de malas entro en modo irónico, lo que me permite verle lo simpático a todo lo que me rodea.
Es un mecanismo de defensa relativamente moderno en mí, que según mis cálculos desarrollé a partir de la preparatoria, aunque claro, siempre tuve cierta afinidad por las sutilezas y el humor negro.
Caso contrario el de una compañera de trabajo, quien reclama que antes le encantaba el cine de horror y la maldad y todo eso, y ahora, a sus 26 años, es una chilletas incontrolable, capaz de llorar con cualquier comedia romántica (bueno, eso no lo dijo, pero es una exageración eficiente).
Es raro cómo solemos, por un lado, buscar lo opuesto a lo que nuestra personalidad natural parece marcar para nosotros, y por otro, cómo caemos en lo que es nuestra identidad y nos sentimos realmente sorprendidos por ello.
Yo, como ya lo saben, soy un amargado de los buenos, y aunque alguna vez intenté (sin muchos ánimos) comportarme de manera sociable y amigable, nomás no me salió, y no tengo problemas con ello, realmente.
Detesto muchas cosas, casi todas ellas humanas: los pubertos, los tapatíos, el tráfico, la gente que se estaciona en las esquinas, quienes no respetan los pasos peatonales, quienes intentan meterse frente a mí en la línea... en fin. Hay muchas cosas padres para detestar en este mundo y muchos chistes que hacer sobre ellas, así que, ¿por qué habría uno de dejar de reír un solo día?
La canción del día, a cargo de The Offspring:
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