Saru Hanuman

lunes, 5 de septiembre de 2011

Lo de los chavos es la guitarra


Y yo toco el teclado y mis juguetitos, no la guitarra.

¿Por qué elegí tocar algo tan poco portátil y no-tan-sexy? Pues básicamente podría decir que no lo elegí, y tampoco me iré al extremo romántico de decir que "él me eligió a mí". Más bien fue un hecho fortuito, que mi amigo Jair me regalara su teclado viejo cuando consiguió uno nuevo, y como dicen en mi rancho: "de ahí pa'l real...".

Sin embargo, he decidido no cambiar de instrumento por varias razones. La primera es que me gusta el teclado, me parece un instrumento muy directo, sin trucos: las teclas están ahí, dispuestas clara y sólidamente, frente a los ojos, y sé lo que hace cada una de ellas. Conozco la espiral de sonidos que representan, contrario a lo que veo en una guitarra, por ejemplo, la cual simplemente no entiendo.

Al piano, todo lo contrario, lo veo comprendo cómo funciona, sé de qué va, cómo suena. Es esta familiaridad la que me mantiene cerca de él, y con el software que utilizo las posibilidades son ilimitadas (no porque no lo fueran con el teclado por sí mismo, pero para alguien con mis talentos limitados para lo musical, el software expande mucho los horizontes).

Supongo que es un reflejo de mis preferencias personales sobre todo en mi vida: me gustan las cosas claras, para así poder diferenciar una cosa de la siguiente y saber a qué atenerme con todo. Desafortunadamente, la vida entre personas es un juego de sutilezas y política, un constante ir y venir de preguntas y respuestas sin significado, que sólo empujan al vacío emocional e intelectual, con el afán de socializar, de "ser alguien" y "triunfar", lo cual para un hombre se traduce en ganar mucho dinero y ponerle con muchas mujeres.

Entonces, el teclado también me gusta porque puedo disfrutar de mi música estando solo, porque con el software construyo todo lo que hace falta y no tengo que confiar ni esperar nada de nadie. Así, soy feliz con la elección fortuita que hice hace siete años.


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