No estoy seguro si ésta debería ser de "Mi vida con el odio", pero dejaremos que transcurra como la entrada habitual de los viernes.
Esta semana que termina ha sido de las más extrañas que han pasado este año. Hubo dos cuestiones sumamente raras en mis días, especialmente del martes para acá, y quiero hablar de la primera, el que es realmente importante para mí: el envío al carajo.
Fueron unos 3 meses, a lo mucho, lo que estuvimos juntos esta última vez, y francamente, fueron los mejores que tuvimos en muchos años, especialmente el sábado de leyenda en que me sentí, por fin, completamente feliz y seguro en una relación en la que siempre me sentí engañado y abandonado.
Es mucho drama, pero en serio, así fue.
No importa quién hizo qué, ni si yo o ella. La razón por la que quiero hablar de esto es la sensación de doble cara que tengo (eso de doble cara me viene del trabajo, no por la hipocresía).
Por un lado estoy contento de haber terminado con esto finalmente, de tener algo firme, que es estar solo. Puedo vivir con eso, puedo trabajar a partir de aquí y salir adelante, y eso me da tranquilidad.
Por otro lado, para mí ella es la mujer más hermosa del mundo y cuando estoy con ella me siento bien, tranquilo y seguro. El problema era cuando se iba y me quedaba la zozobra. Era increíblemente difícil para mí vivir en una relación en la que no sé cuándo volveré a ver a mi pareja.
Agreguémosle la agravante de un hijo a quien no puedo ver si no está ella, lo cual en los buenos tiempos no era problema. Todo lo contrario.
Entonces: por un lado estoy contento de tener un panorama más seguro, y por otro me siento triste y desolado, y me parece que no voy a encontrar a alguien tan... tan todo, como ella.
Ya no tengo que estar esperando a nadie y tampoco necesito desconfiar ni preocuparme. Ya no tengo a quién hablarle ni a quién esperar, con quien ver películas o hablar sobre cualquier cosa.
Es un sentimiento agridulce, interesante, y eso está bien, pero a ratos se pone difícil la cosa y las emociones afloran de manera dramática, lo cual, por cierto, es muy inoportuno la mayoría de las ocasiones.
En general estoy tranquilo y me siento bien. Acepto mi tristeza y la distancia, incluso el silencio, y sobre esto seguiré adelante. Sólo necesito expresar un poco, compartir la carga, aunque nadie escuche y, si alguien escucha, aunque no tenga nada qué decir.
¿Qué pasará en el futuro? Si alguien más lo sabe, que se calle, porque yo quiero descubrirlo por mí mismo.
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