Saru Hanuman

lunes, 29 de agosto de 2011

Sólo un camino

Hay ocasiones en que el silencio es una pregunta, una incógnita que nos quita el sueño, la necesidad de una respuesta, de sentirnos seguros a través de las palabras del otro, y así poder estar tranquilos, aunque sea por un momento.

En otras ocasiones, el silencio es una respuesta, la más terminante, la que no permite lugar a dudas y nos obliga a guardar las palabras para después, para otro tiempo en que valga la pena exhalar una voz.

Me gusta caminar porque el movimiento evita que mis pensamientos se acumulen, su peso insoportable en mi mente. La resistencia del aire hace que todas mis ideas se vayan quedando atrás, dando lugar a nuevas, más brillantes, más sencillas, más honestas.

Cuando llego a casa me siento libre, limpio, y todas las dudas que tuve durante el día se quedan afuera, en el camino, en las aceras que atravieso sin detenerme. La gente que se cruza en mi camino, los autos, los árboles, la lluvia. Todos ellos son momentáneos, como los pensamientos. Algunos chocan, otros me pasan por un lado, otros intentan clavarse en mi memoria, pero pronto resbalan y caen.

Al final del día estoy solo, libre y sereno.

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