Saru Hanuman

miércoles, 24 de agosto de 2011

Se necesitan dos...

Esta semana ha sido de accidentes. Ayer por la noche el instructor de capoeira casi le rompe la nariz a un compañero y hoy, en el trabajo, derramaron un vaso de agua sobre una serie de documentos y el teclado de una computadora.

Antes de todo esto, tal vez a modo de ironía, estuve pensando en que para que ocurran los accidentes se requieren dos: uno que meta la pata y otro que, por falta de pericia, distracción o mera estupidez, se tropiece con ella.

Y esto no sólo sucede con los accidentes, sino en todo: las guerras, las relaciones (funcionales o no), los conflictos... en fin, todo. Siempre hay acción y reacción, ida y vuelta, toma y daca, yin y yang...
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La única forma de detener el ciclo es dejar de interactuar, pero esto también es una analogía de la muerte, y hasta donde sé, a nadie le gusta estar muerto en vida.

Quizás por esto las interacciones sociales son tan exitosas comercialmente y una persona con altos índices de intercambio social se considera exitosa.

Si así es la cosa he de decir que, o soy un fracasado, o un economista en el ámbito. Hoy y ayer me escuché hablar con una compañera del trabajo y, poniéndome el casco de buenondismo, me dí cuenta de lo aburrido que soy ante los ojos del chavo de onda habitual.

No es que me preocupe el hecho, simplemente me llama la atención que a mis casi 31, definitivamente hablo como si ya hubiese pasado la mitad de mis días. Quizás sólo soy "excéntrico" *guiño, guiño*.

Ah, sí, y definitvamente I'm a kid from the nineties...

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