Saru Hanuman

martes, 2 de agosto de 2011

Mi vida con el odio seis: Mala noche

Me gustaría volver a ese sábado en que todo era como lo había querido: los tres juntos, todo en su lugar. Sin embargo, sé que no hay vuelta atrás, ni forma de hacer que las cosas funcionen. Finalmente siento un rompimiento, un cambio que no había percibido antes, y aunque mi actitud ha cambiado por su propio peso y ahora lo único que siento es indiferencia ante tus palabras, percibo que tú también has cambiado.

Espero no equivocarme y espero que el cambio sea permanente.

No necesitamos más disculpas, ni más violencia, ni más odios ni rencores. Lo que necesitamos es honestidad y decisión. Lo que necesitamos es darnos nuestro lugar y aceptarnos tal cual somos.

Detesto no sentir nada cuando me dices que me vaya al carajo. Detesto no enojarme, no tener las ganas de decirte algo o de detenerte, de pedirte que te quedes conmigo.

Lo detesto porque te extraño, porque te amo y porque ese sábado resume todo lo que siento por ti, o al menos, por la persona que creía que eres. Me gustó ser ese Carlos, ese hombre del sábado, sociable, contento, sin preocupaciones, padre de un niño, esposo de una mujer. Satisfecho de tenerlo todo, al menos por un momento.

Espero lo que escribo no se preste a interpretaciones equivocadas: espero que tu cambio sea real y no sólo un enojo que se pasará. Espero que tomes tu camino y vayas a donde quieres ir.

Si escribo esto es porque necesito sincerarme conmigo, porque debo decir que me arrepiento de los insultos y las mordidas y todas las agresiones que en estos ocho años tuve contigo. No guardo rencor, pero tampoco creo en tus palabras, ni creería en las mías, de hecho.

Si te hubiera dicho que todo estaba bien, si me hubiera portado como si nada pasara, te habría mentido, y no quiero más de eso.

Quisiera tener algo más que decir, pero lo cierto es que sólo me quedan dramas, quejas y lloriqueos. Sabes cómo odio los lloriqueos, especialmente los míos.

Mala noche...

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