Saru Hanuman

martes, 2 de agosto de 2011

La tendencia hacia la idiotez y la irresponsabilidad

Durante siglos los avances tecnológicos nos han llevado hacia una vida con mayores comodidades y menos responsabilidad en todos los ámbitos de nuestra existencia. Desde el automóvil, pasando por el resto de los medios de transporte y la informática, hasta el manejo automatizado de los desechos que producimos, tanto comercialmente como fisiológicamente.

Toda nuestra vida se ha tratado de presionar un botón o jalar una palanca, o poner un bote o unas bolsas en la calle y olvidarnos de que todo ese material está ahí. Hemos aprendido a ser irresponsables sobre lo que provocamos en el ambiente, y reitero: durante siglos.

Ahora bien, en las últimas décadas la tendencia ha sido darnos cuenta de que estamos hasta las rodillas en la misma basura que hemos producido y ya es imposible ocultarla o enviarla lo suficientemente lejos, porque muy a la Colón: tarde o temprano nuestra propia basura regresará por el otro lado del mundo a patearnos el trasero.

Es imposible revertir una tendencia que lleva siglos de gestión en unas cuantas décadas, simplemente no hay forma. Sin embargo, se han dado algunos pasos importantes hacia allá, aunque como suele suceder, el dinero detiene la mayoría de los esfuerzos.

El dinero, ese concepto que nos hemos metido hasta el alma, en el que creemos como si fuera la misma sangre que circula por nuestras venas y que ha terminado por enjaularnos, es parte de la misma tendencia hacia la irresponsabilidad, porque lo importante ya no es cómo obtengas el dinero, sino cuánto posees. Todo es justificable, siempre y cuando te deje algo de dinero, y para un ejemplo no me voy a ir a los extremos, sino al mismo hogar donde los padres fruncen el ceño cuando uno de los hijos habla de dedicar su vida a algo que no deje dinero.

No importa satisfacer el espíritu o cultivar la mente, lo que debes hacer es ganar dinero, a como dé lugar, a costa de quien y lo que sea. Y el dinero, lamento decirlo, es la cosa más vulgar y corriente en el mundo. Hay tanto dinero circulando, tanto dinero guardado, que de verdad no tiene sentido, porque va en contra de sus propias leyes de funcionamiento.

Supuestamente el dinero vale más, como todos los materiales, cuanto más escaso es, y de hecho, como cada día se inventa más dinero, todos perdemos el valor de nuestro dinero y, peor aún, de nuestro trabajo, con el que hemos ganado dicho billete. O sea, cada día cobramos menos por nuestro trabajo, lo devaluamos a voluntad, y necesitaríamos ganar más diariamente para mantenernos a la par.

Sin embargo esto es imposible porque "así no funcionan las cosas".
Pues, en pocas palabras, las cosas no funcionan. Al menos, no apuntando hacia un bienestar social integral.

Es cuestión de pensar y actuar. No seamos idiotas. No caigamos en la irresponsabilidad.

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