Salí del metro
a buscar el pabellón
desconocido
y como no se me ocurre cómo hacer cuadrar toda la historia en haikus, aquí va:
Salí de metro Copilco y pregunté a un comerciante:
-Disculpe, ¿sabe dónde está Pabellón Copilco?
Él, empacando las cosas de su puesto, guardó silencio un momento y luego preguntó, con aire de desconcierto:
-Y ¿por qué tengo que saberlo?
Lo observé con atención, al menos un momento, dudando si sería una de esas personas que se creen muy listas, o su duda era honesta. Resolví responder con cautela, para no caer en su juego:
-No "tiene" que saberlo, sólo le estoy preguntando.
Una vez más, el hombre, sin detener su mete-en-la-bolsa los artículos a la venta, preguntó en el mismo tono:
-Pero ¿por qué me preguntas a mí?
Definitivamente era honesto, pues no entendía la razón de mi pregunta, lo que me pareció absolutamente extraño, pero respondí:
-Pues porque yo necesito saber, y si usted sabe, podría ayudarme.
En ese momento le amaneció la mente y se dio cuenta de que mi simple pregunta era, precisamente, una simple pregunta. Estaba yo pidiendo direcciones, nada más complejo que eso.
-Ah, no.
Fue lo único que resolvió a responder, a lo que yo dije un gracias sin esconder mi extrañeza.
Fue buen momento
para mi retirada
hacia las calles
Mi mejor respuesta a la actitud de este hombre es que, o estaba sumamente ensimismado en sus labores, o estaba drogado, o vive en un estado defensivo muy profundo.
O, de plano, las tres al mismo tiempo.
Sea como sea, fue algo simpático que ocurrió hoy.
Algo no tan simpático es que el indicador de la fecha en mi reloj parece haberse atorado en el 21. Cosa rara.
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