Un ligero altercado entre martes y miércoles que, a no ser por un par de momentos en que perdí el control de mi lenguaje, salió bien.
Al final de la noche, por iniciativa de ella, pudimos hablar. Ahora sí le dio en el clavo: iniciar con palabras que calmen al perro para que ya no enseñe los dientes. Ésa es la estrategia.
Sin embargo, por el "casi" entiendo que es muy fácil hacerme rabiar, sólo hay que presionar los botones adecuados en el momento adecuado, y uno de esos botones es llevarme la contraria en algo que es importante para mí, y en lo que estoy seguro de estar haciendo lo correcto.
El hecho de que esté enfermo emocionalmente no implica que haya perdido todo contacto con lo que se dice bien o se dice de mala manera.
Ojo con eso: los enfermos delirantes también pueden decir verdades.
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