Saru Hanuman

miércoles, 25 de mayo de 2011

E tolice, eu sei

Hoy aprendí el significado de la frase "faz de conta" en portugués. Es algo así como el "make believe" en inglés.

"Haz de cuenta", una frase con la que en México se inician muchos chistes, anécdotas, mentiras y demás.

Todos tenemos nuestro faz de conta y lo defendemos a capa y espada ("tooth and nail", para seguir con las frases extranjerizantes). Somos poco tolerantes cuando se trata de las críticas hacia aquello en lo que creemos o, al menos, deseamos creer.
Es difícil vivir la vida sin fantasías o ilusiones de lo que lograremos. Necesitamos, como seres racionales, mantener viva una ilusión, de otra forma la vida se convierte en una serie de pasos mecánicos que indudablemente llegan a la extinción.

Y, cierto, la vida es eso, pero nuestra mente nos exige siempre más.
Metas, deseos, objetivos, todo ello redunda en planes, ilusiones y creencias. En el peor de los casos, en religiones (no se ofendan, aquí me refiero incluso a la fe ciega en las ciencias).

Es una necesidad humana, al parecer, vivir un constante faz de conta, para dar sentido a nuestra existencia, y no es que sea algo malo. Todo lo contrario, sin estas visiones no tendríamos todo lo que disfrutamos hoy en día. Es esta imaginación la que nos permite ir más allá de lo que conocemos, ver a través del diario acontecer para imaginar algo que todavía no es, pero puede llegar a ser.
El problema surge cuando es ese mismo faz de conta el que nos detiene. El miedo a romper la ilusión y enfrentarnos a una realidad que, irónica y paradójicamente, imaginamos terrible, como una estepa fría y desolada.
Considero que ésta es la linea que divide al idealismo del evolucionismo (como procesos de pensamiento, no corrientes científicas): el idealista vive una constante infatuación respecto de lo que debería ser, pero nunca mide sus creencias contra su realidad, sólo especula. El evolucionista, en cambio, confronta la realidad con sus ideas y trabaja a partir de ello, obteniendo resultados, sean positivos o negativos.

Por otro lado, existen quienes viven en un pragmatismo que los deja impotentes ante los acontecimientos cotidianos. Aquí la cuestión es que se tiende hacia la depresión crónica, ya que al no tener un sentido de objetivo o de impulso mental o emocional, la vida se ve como algo peor que una sucesión mecánica de hechos y acciones.
El pesimista, por lo general, se pinta a sí mismo como "realista", pero esta idea no es otra cosa que un faz de conta negativo, la búsqueda de una justificación subjetiva a un estado de baja energía.

La única forma de mantenerse en un estado libre de toda ilusión parecería ser el entrenamiento militar o las filosofías del vacío, sin embargo, la psique humana contiene tantos rincones que es imposible evaluar un estado real de "aquí y ahora" (el cual, con mucha ironía, es la ilusión o el objetivo de muchas disciplinas).

Entonces, la realidad, aunque existe como tal y se nos presenta siempre, sin interrupciones, sin un solo hueco (material o temporal), es imposible de aprehender, ya que siempre estaremos limitados por la percepción de nuestra mente.
Por lo tanto, vivir como ser humano es vivir en un constante "haz de cuenta", una ilusión interminable de percepciones que se moldean a nuestra personalidad, necesidades y deseos, para bien o para mal.

Es, a mi parecer, lo interesante de estar vivo.

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