Recién termino esta noche la primera parte del trabajo final de una de mis materias del segundo semestre de la licenciatura (horrenda redacción de subordinadas intencional, no se espanten).
Durante unos diez años evité cualquier contacto con las universidades y había evitado con gran éxito retomar cualquier programa de estudios de licenciatura. Sin embargo, todo cae por su propio peso y llega a su fin, quizás por el golpe de la caída.
Ahora estudio por internet la licenciatura en gestión cultural, lo cual no es ni medianamente malo, pero me representa una carga psicológica importante. Nada del otro mundo. Todo me causa una carga similar, desde el clima hasta el tráfico de la ciudad (aunque no manejo).
El punto con la escuela es que se trata del primer paso que di, sin darme cuenta, hacia mi completo cambio de actitud ante la vida.
Quizás de verdad me estoy haciendo viejo, pues he aprendido a apreciar el valor de lo que estoy estudiando, aunque soy un terrible alumno, es innegable. También he comprendido la importancia de tener a la gente que amo cerca de mí: mi familia, mis amigos, la familia de la que desciendo. Incluso he encontrado el gusto de ver a mi padre todos los días, lo cual es sumamente peculiar, ya que no soporto su carácter usualmente liviano.
Tento treinta años y he cometido muchos errores. De algunos, sólo un par, realmente me arrepiento. Del resto he aprendido mucho, así que no los cambiaría por nada del mundo. Es gracias a ellos que estoy aquí, aprendiendo cosas que había olvidado.
Y después de seis meses estoy retomando la música, que tanta alegría me da. Necesito retomar las clases, sin embargo, para mejorar mis composiciones, para no quedarme atorado más tiempo y seguir adelante, llegar más lejos. Siempre adelante.
Entretanto, terminamos la segunda semana de bloggeo, lo cual es un triunfo personal y algo sumamente agradable para celebrar.
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