La mala costumbre de los filósofos de bolsillo es citar malas analogías sobre cualquier cosa, en cualquier momento.
La buena costumbre de los filósofos portátiles es crear malas analogías sobre cualquier cosa, en cualquier momento.
En lo personal, me cuento entre los segundos, y mis analogías suelen ser bastante malas, aunque con su grado de simpatía.
Creo que lo más importante al reducir la vida y los problemas personales de quienes hablan conmigo a comparaciones con la forma de beber cocacola o el crecimiento de las uñas, es mantener el buen humor o, al menos, provocar curiosidad.
La risa es sumamente importante cuando hablas sobre asuntos serios. Es la única forma de que las personas dejen de sentirme indefensos, en desventaja y completamente vulnerables, porque por un instante dejan de tomarse las cosas tan apecho, y es entonces cuando se puede hablar en realidad.
Esto me lleva al siguiente punto: ¿por qué reímos? Un buen chiste puede provocar carcajadas, pero igual puede suceder con el nerviosismo, un susto o, en realidad, casi cualquier cosa. Entonces, la risa no es necesariamente alegría, sino una reacción ante lo que podrían ser sucesos inesperados, positivos o negativos.
Seguramente hay bibliografía y teorías aprobadas al respecto, pero eso es lo de menos para mí y no es objetivo de este blog realizar disertaciones con respaldo científico. Nunca lo ha sido y nunca lo será.
Finalmente, la analogía del día.
El sábado gané mi primer juego de Risk en toda la vida. Para los que no lo conocen, es un juego de mesa de "estrategia" militar, aunque no tiene mucha profundidad en cuanto a la estrategia, pero es entretenido, sobre todo si tienes amigos excesivamente competitivos que entren en desesperación ante la inclemencia de los dados.
El juego del sábado fue así: tras comenzar el juego con ocho territorios, perdí siete de ellos para el tercer turno y me vi forzado a hacer una alianza con dos de los cinco jugadores. Estando en Sudáfrica moví mis tropas al norte y llegué hasta Groenlandia, donde me reforcé al final del quinto turno mientras los demás peleaban sus batallas y mi mayor aliado perdía casi todo su ejército.
En mi sexto turno obtuve un número muy importante de refuerzos y ataqué a los dos contrincantes de la alianza hasta eliminar a uno de ellos, dejar al otro con sólo un territorio y cuatro tropas, y terminé conquistando 23 territorios en un solo turno.
De esa forma, cumplí la misión en mi tarjeta y terminó el juego.
La analogía posible con mi vida es que he estado por varios años atorado, esperando, buscando y pidiendo una oportunidad que no he encontrado solo. Ahora hice una alianza con alguien que normalmente no tendría contacto alguno, y he movido mis piezas para estar en una mejor posición, así que quizás, sólo quizás, después de estas decisiones finalmente llegue mi oportunidad de ganar el juego.
Como dije, con todo se pueden hacer analogías, y si ésta del Risk funciona, estaré sumamente contento y satisfecho.
La vida en general es como un juego de estrategias... todos las utilizamos sin darnos cuenta, pero ahí estamos ganando y perdiendo territorios... las alianzas son la mejor forma de enfrentar la vida, solo hay que saber retirarse a tiempo cuando es una situación suicida... creo que está vez tienes el tiempo necesario para planear tu estrategia...
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