La bondad o maldad de los otros. La fortuna o mala suerte de los demás. Lo que ellos dicen y lo que hacen. Todo esto me es ajeno.
No justifico mi insolencia con su mediocridad, ni mido mi nobleza conforme a su irresponsabilidad.
El resto no existe, si debo pensar en ello para sentirme mejor sobre mí mismo.
Lo único cierto, lo único que tengo es quien soy y cómo vivo,
y eso es lo que debe importar.
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