Hay una multitud de cosas que me hacen rabiar, otras que me desesperan y algunas otras que me desconciertan cada vez que se manifiestan en mi carácter. Hay unas cuantas, muy pocas, que me provocan estas tres sensaciones a la vez, y una de ellas es, precisamente, sentir que necesito de alguien para seguir adelante.
Esta semana el desconcierto creció día con día hasta hacerme desesperar y, finalmente, invocar un enojo incontrolable, completamente irracional. Lo extraño fue el silencio que siguió al arranque. Fue una calma tensa, como guerra fría, que en lugar de exaltarme terminó por hundirme en una depresión melancólica sin repercusiones negativas aparentes en mi diario acontecer.
Por supuesto, es difícil medir eso por el momento ya que aún no inicio mis jornadas de trabajo y me la he pasado en mi cuarto más de 20 horas al día.
Sin embargo, experimenté un aumento en la capacidad creativa y no sólo pude componer una pieza nueva para el disco que tengo pendiente desde el año pasado, sino que avancé en una de las colaboraciones con Lupillo, buen amigo.
Lo feo, hoy domingo, es enfrentarme con la situación, con el mismo silencio que me dio calma ayer y antier. Darme cuenta de que lo que hicimos fue un buen intento, pero no funcionó. Pasar por alto las palabras que pueden llevarme al enojo y, sobre todo, no tener con quién hablar o en qué distraerme ya.
Podría seguir con la música, seguramente, pero creo que todo sería monótono y prefiero no componer desde la entraña. Al menos, no hoy. Estoy intentando mejorar mis composiciones, perfeccionar un poco mi técnica y mis alcances, y esta clase de momentos tan crudos provocan exactamente lo contrario.
Fue un buen intento y, si mañana lo volvemos a intentar, será distinto.
Lo que hoy sé es que esta parte del camino ya terminó, que no se puede seguir igual y lo que venga después tendrá que ser diferente. Quizás sea bueno, quizás no. Lo importante es que no será lo mismo que hoy termina.
Sólo me queda agradecer el tiempo y el esfuerzo. No tengo ninguna queja porque sé que ambos dimos lo mejor que teníamos y tuvimos fallas, como es natural.
Fue un buen intento y tuvimos muy buenos momentos, pero no funcionó.
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